miércoles, 9 de abril de 2014

Día 27

En el bus de camino al curro veo a una chica chica escribir mensajes en el móvil. Nunca había visto cómo se escriben los kanjis con un teclado de teléfono.
Menos mal que hoy el congelador si que funciona. Después de las tareas diarias me ponen a saltear verduras. Bueno, lo que se supone que es saltear, porque o no tengo fuerza para mover la sartén ni las verduras, o lo hago tan fuerte que las verduras podrían ser la nueva decoración de las ventanas. Cuando termino hago unas lascas de queso para la pasta y el timbal de berenjena. Empieza el servicio, pero hay tan poco a gente que me mandan a picar verduras lo más pequeño que pueda. La cebolla y la zanahoria controladas pero, ¿cómo narices se corta el apio en brunoise? No se cómo lo hago, pero consigo que todas las verduras tengan el mismo tamaño al final. De hecho, parece que lo he hecho tan bien que F. quiere que corte yo las verduras siempre que haya que hacer el guiso, spezatino creo que se llama. F. me pone a limpiar un trozo de carne enorme y lo corto en dados para empezar a hacer el guiso. Pocho las verduras, echo la carne, y cuando ya está sellada, cubro con vino y dejo reducir. Empiezan a venir las comandas de postres, así que aparco el guiso para que lo terminen esta tarde y me voy a emplatar dulces.

La tarde me la tomo de tranqui dando una vuelta por el barrio y yendo a comprar cereales, que se me acabaron ayer en la cena. Estos días estoy de bajón. Me he adaptado a la vida aquí y empiezo a aburrirme. Me quedan casi siete semanas aquí, estoy llegando al ecuador de la estancia, y... estoy chof. Supongo que es cosa de unos días, los altibajos son normales para mi, pero no deja de ser molesto el sentirse así.

1 comentario:

  1. Aquí todos con los dientes largos y tú con morriña.

    ¡Animo Lidia! No te nos hundas ahora, que esperamos con ansiedad las nuevas entradas del blog.

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