Sábado
de dormir hasta “tarde”. Como yo ya hice mis tareas ayer, le toca
a V. hacer las suyas, aunque no parece que tenga muchas ganas. Colgar
la lavadora, recoger un poco el armario y para cuando nos damos
cuenta, estamos comiendo. Mmmm, rico arroz de ayer. Duermo un poquito
de siesta y al tajo.
Esta
noche tenemos un grupo pequeño de seis personas, pero mañana para
la comida hay uno de 27, así que hay trabajo que hacer. F. empieza a
hacer un paté con hígados de pollo y de repente explotan y me
saltan a la cara y al cuello. Au, duele. Él sigue preparando cosas
para el grupo de hoy mientras yo me encargo de pelas alcachofas,
espárragos y hacer unos bocaditos de calabacín y salsicia. Preparo
dos bizcochos enormes para los desayunos del hotel ayudo en el
servicio. El grupo de esta noche ha encargado bistecca a la
fiorentina, todo un espectáculo verlo preparar y servir. Eso si, aún
a riesgo de molestar a toda la población de esta provincia... es un
chuletón de sidrería como una casa. En el País Vasco no tenemos
nada que envidiar a la bistecca, por muy guay que sea la
presentación.
Lo
mio parece que siguen siendo los postres. Tegolino por aquí,
spuminos por allá... y si, las frutas siguen siendo mi espinita
clavada. Limpiamos y el trabajo termina con un café charlando de la
existencia de un licor de alcachofas llamado Cinar. ¡De alcachofas!
¿Adónde vamos a llegar? Autobus, casa y cama, que mañana toca
madrugar demasiado para ser domingo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario