sábado, 12 de abril de 2014

Día 28

Después del bajón de ayer, me quedo en casita toda la mañana. Me hago una ensalada para comer, y de postre un yogur. Estoy desganada completamente. Y parece que F. sabe cómo estoy, porque en cuando llego al curro propone hacer pasta carbonara para nuestra cena. Amor infinito a esa pasta. ¡¡Madre mía que buena está!! Y para acompañarla, spezatino, MI spezatino; el que empecé a hacer ayer, vamos. Qué rico está todo, me levanta la moral de golpe. Y encima de postre hoy tengo tiramisú de S. ¿Puede mejorar el día? Pues si. Salteo espinacas y ayudo a emplatar el grupo de esta noche. Llegados los postres, me ocupo del horrible e infumable tegolino y de un par de frutas.
Salgo tardísimo y voy corriendo al bus, pero aún me quedan 20 minutos de espera. Me monto en el bus por fin y no hay ningún asiento libre, así que me agarro a lo que puedo cerca de la puerta de salida. Una chica bastante muy alternativa (no podía serlo más) se levanta para salir en la próxima parada. Lleva un cachorrito de perro de apenas semanas, lo más adorable del mundo a esa hora; y el pequeñajo me mira, lo miro... y me bosteza con su boquita chiquitina. Os lo juro, no puedo parar de sonreír como una idiota cada vez que recuerdo esa carita.

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