En
el bus de camino al curro veo a una chica chica escribir mensajes en
el móvil. Nunca había visto cómo se escriben los kanjis con un
teclado de teléfono.
Menos
mal que hoy el congelador si que funciona. Después de las tareas
diarias me ponen a saltear verduras. Bueno, lo que se supone que es
saltear, porque o no tengo fuerza para mover la sartén ni las
verduras, o lo hago tan fuerte que las verduras podrían ser la nueva
decoración de las ventanas. Cuando termino hago unas lascas de queso
para la pasta y el timbal de berenjena. Empieza el servicio, pero hay
tan poco a gente que me mandan a picar verduras lo más pequeño que
pueda. La cebolla y la zanahoria controladas pero, ¿cómo narices se
corta el apio en brunoise? No se cómo lo hago, pero consigo que
todas las verduras tengan el mismo tamaño al final. De hecho, parece
que lo he hecho tan bien que F. quiere que corte yo las verduras
siempre que haya que hacer el guiso, spezatino creo que se llama. F.
me pone a limpiar un trozo de carne enorme y lo corto en dados para
empezar a hacer el guiso. Pocho las verduras, echo la carne, y cuando
ya está sellada, cubro con vino y dejo reducir. Empiezan a venir las
comandas de postres, así que aparco el guiso para que lo terminen
esta tarde y me voy a emplatar dulces.
La
tarde me la tomo de tranqui dando una vuelta por el barrio y yendo a
comprar cereales, que se me acabaron ayer en la cena. Estos días
estoy de bajón. Me he adaptado a la vida aquí y empiezo a
aburrirme. Me quedan casi siete semanas aquí, estoy llegando al
ecuador de la estancia, y... estoy chof. Supongo que es cosa de unos
días, los altibajos son normales para mi, pero no deja de ser
molesto el sentirse así.
Aquí todos con los dientes largos y tú con morriña.
ResponderEliminar¡Animo Lidia! No te nos hundas ahora, que esperamos con ansiedad las nuevas entradas del blog.