Hoy
llego al curro y... qué bien, el congelador de cocina se ha
estropeado durante la noche. A correr a salvar lo salvable, mover
cosas al congelador de abajo, y poner a cocer rápidamente lo que
podríamos aprovechar para hoy. Logramos salvar la mayoría de cosas,
así que nos ponemos a preparar el menú con ligeros cambios por la
situación. Yo me dedico a lo mío: alcachofas, tomate, patatas...
mis tareas diarias. En el servicio viene poca gente, pero me encargo
de ayudar a S. con la fruta. No me sale aún el plato entero a mi,
aunque parece que voy mejorando.
Llego
a casa y oigo como se abre la puerta. ¡Arrea zapatilla! Es la hija
de mi casera y un cura que viene a bendecir la casa antes de Semana
Santa. Al parecer es tradición hacerlo aquí en Italia. La tarde me
la paso tranquila viendo una peli en mi cuarto. Estoy algo triste.
Creo que empiezo a acostumbrarme a estar aquí, y me ha entrado el
bajón (por eso tardo tanto en escribir las entradas del blog). Para
despejarme un poco, me voy a la compra. Es un paseo corto pero
productivo y relajante. Recojo la colada y me preparo la cena
mientras charlo un rato con los amigos y la familia.
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