En
pie a primera hora que hoy toca turno de mañana. Yo me dedico a lo
mío mientras S. y F. preparan la comida para el grupo de esta tarde.
Tomates a raudales y tantas patatas que pierdo la cuenta y todo.
Llega el pedido, así que me pongo a ordenarlo rápidamente para
poder seguir con el curro. Dejo ya cortadas las patatas de la tarde y
preparo todos los ingredientes y decoraciones para el servicio.
Salteo espinacas y ayudo con la fruta y los postres. Limpiamos todo y
para casa, a ultimar detalles. No sé qué le ha pasado a mis
tarjetas porque con una no me deja sacar dinero y la otra se ha
bloqueado, así que no tengo dinero en efectivo más que las monedas
sueltas en mi cartera.
Como
algo de ensalada en casa y me preparo para recibir a mis padres y a
mi hermana. Seis botellines de agua al bolso y estoy lista para irme.
Calculo el tiempo para llegar algo antes a la estación de tren que
ellos con el autobús desde el aeropuerto, pero me paso de pronto y
tengo que esperar una hora. Al menos hace calorcito, y más con el
abrigo de invierno que me traje desde marzo. Van pasando bus tras bus
y mi nerviosismo va en aumento, hasta que por fin... ¡si, aquí
están! Saco sus maletas antes de que consigan bajar siquiera y,
después de un mes y cuatro días... ¡abrazo de familia! No sabéis
lo contenta que estoy al poder abrazarles, hablarles cara a cara sin
ordenador de por medio, oírles reír... Placeres de la vida que no
sabía que añoraba.
Llego
a casa y miro los horarios de bus y mapas para mañana. Buenas
noches.
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