domingo, 27 de abril de 2014

Día 35

En pie a primera hora que hoy toca turno de mañana. Yo me dedico a lo mío mientras S. y F. preparan la comida para el grupo de esta tarde. Tomates a raudales y tantas patatas que pierdo la cuenta y todo. Llega el pedido, así que me pongo a ordenarlo rápidamente para poder seguir con el curro. Dejo ya cortadas las patatas de la tarde y preparo todos los ingredientes y decoraciones para el servicio. Salteo espinacas y ayudo con la fruta y los postres. Limpiamos todo y para casa, a ultimar detalles. No sé qué le ha pasado a mis tarjetas porque con una no me deja sacar dinero y la otra se ha bloqueado, así que no tengo dinero en efectivo más que las monedas sueltas en mi cartera.
Como algo de ensalada en casa y me preparo para recibir a mis padres y a mi hermana. Seis botellines de agua al bolso y estoy lista para irme. Calculo el tiempo para llegar algo antes a la estación de tren que ellos con el autobús desde el aeropuerto, pero me paso de pronto y tengo que esperar una hora. Al menos hace calorcito, y más con el abrigo de invierno que me traje desde marzo. Van pasando bus tras bus y mi nerviosismo va en aumento, hasta que por fin... ¡si, aquí están! Saco sus maletas antes de que consigan bajar siquiera y, después de un mes y cuatro días... ¡abrazo de familia! No sabéis lo contenta que estoy al poder abrazarles, hablarles cara a cara sin ordenador de por medio, oírles reír... Placeres de la vida que no sabía que añoraba.
Vamos al hotel, les ayudo a registrarse y vamos a su habitación. Les dejo mi abrigo largo y me dan uno más corto que me han traído. Y abren la maleta. Cereales, colacalo, jamón serrano, lomo, trufas, idiazabal, morcillas, galletas... parece que aquí me matan de hambre por todo lo que me han traído, madre mía. No voy a tener que hacer la compra en lo que queda de estancia. Salimos a dar una vuelta antes de ir a cenar. Bajamos por la calle San Lorenzo y hago que mi hermana cierre los ojos y la guío hasta donde puede ver el Duomo. Se queda sin palabras. Desde que le dije que me venía a Florencia de Erasmus y que ya tenía un billete de avión para ella había estado esperando este momento. Está totalmente maravillada. No se cómo conseguimos seguir andando. Vamos rodeando la catedral y empezamos a buscar un sitio donde cenar. El restaurante Leo nos llama con su luz amarilla y entramos. Mi primera pizza, y en la mejor compañía. ¡Qué rica! Y de postre toca helado para compartir mientras caminamos hacia la estación de tren. Hoy me dejan en la parada y se van andando al hotel. Es difícil decirles adiós por la ventana sabiendo que están aquí por mi.

Llego a casa y miro los horarios de bus y mapas para mañana. Buenas noches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario