Lo malo de llegar a un país extraño son las reuniones a primera hora justo el día después del viaje. Me levanto a las 7.45 y despierto a Espumadera. Preparo mochila y para la Accademia. 45 minutos a pie, si, pero el macchiato que tomo para desayunar sabe a gloria bendita. ¡Qué rico! Subo a la reunión donde nos informan que después de esa tenemos otra en el centro, así que, en cuanto termina, nos ponemos en camino. Reunión cortita y paseo por el centro. Fotos y más fotos al Duomo. Pasamos por una callejuela y... ¡una tienda friki en Florencia! Ñiiiiiiiii, ¡¡alucino!! Mis compañeros siguen adelante, pero me quedo con la calle para volver otro día más tranquila.
Nos acercamos a una tienda de telefonía, pues nos han dicho que deberíamos hacerlos un número italiano por si tenemos que llamar a la empresa para avisar de lo que sea o que ellos nos avisen a nosotros. Hay ofertas muy asequibles y todos acaban con una tarjeta salvo yo.
Estudiantes que os vais de Erasmus/Leonardo, por favor, no llevéis un móvil que no sea libre.
Como buenos estudiantes de Dirección de Cocina que somos decidimos acercarnos a un mercado central, el más auténtico de Florencia. La fruta y verdura tiene una pinta estupenda y dentro del mercado encontramos carnicerías con un sin fin de variedad de producto. Maravilloso.
Una vez hecha la compra, a casa. Hago una ensalada con esa magnífica lechuga y esos magníficos tomates que he comprado y comemos la cena de ayer.
Toca descansar un poco. Pero sólo un poco, ya que a las tres de la tarde estamos ya camino del río. Justo al llegar y sacar la cámara de fotos me doy cuenta de que Espumadera está plácidamente durmiendo la siesta en la mochila de esta mañana, así que no habrá documentos gráficos de ella en los puentes, al menos por ahora. Empezamos a caminar a lo largo del río, pasamos por un parque, mi compañera de cuarto confunde a un conductor de autobús con el segurata de otro parque, y seguimos paseando. Llegamos por fin al puente Vecchio.
Seamos claros: el puente es feo, arquitectónicamente curioso, pero feo. Casas apiñadas en un puente, un pequeño espacio de balconada y arcos y más casas. Eso si, en cuanto empiezas a cruzarlo alucinas: tooooodas las joyerías habidas y por haber están aquí. Escaparates que brillan con luz propia, miles de joyas a cada cual más bonita te hacen pegar la cara al cristal. Y claro, es normal preguntarse cómo será esto de noche, cómo cierran estas tiendas tan expuestas aparentemente. La respuesta viene de arriba. Alzamos la cabeza para contemplar una especie de ventanas de madera y metal que se cierran sobre los escaparates y los dejan sellados a cal y canto. Curioso donde lo haya.
Seamos claros: el puente es feo, arquitectónicamente curioso, pero feo. Casas apiñadas en un puente, un pequeño espacio de balconada y arcos y más casas. Eso si, en cuanto empiezas a cruzarlo alucinas: tooooodas las joyerías habidas y por haber están aquí. Escaparates que brillan con luz propia, miles de joyas a cada cual más bonita te hacen pegar la cara al cristal. Y claro, es normal preguntarse cómo será esto de noche, cómo cierran estas tiendas tan expuestas aparentemente. La respuesta viene de arriba. Alzamos la cabeza para contemplar una especie de ventanas de madera y metal que se cierran sobre los escaparates y los dejan sellados a cal y canto. Curioso donde lo haya.
Avanzamos más allá del puente Vecchio, pasamos por una tienda de juguetes de madera y nos encontramos con un edificio enorme de piedra naranja que preside una plaza con decenas de estudiantes ojeando libros o tomándose un helado. Me quedo totalmente boquiabierta, sobre todo porque la plaza me recuerda a algo pero no acabo de dar con ello. ¡Clinc! Esto es clavadito a una de las ambientaciones del Guild Wars. Aunque mi compañera no lo entiende, yo me sigo riendo. Este sitio queda apuntado en la lista de cosas que ver a fondo.
Estamos algo cansadas ya, aunque parezca poco, llevamos unas dos horas y media andando sin parar, así que nos ponemos a buscar una tienda específica que vio V. la semana pasada. Una hora y no hay forma de dar con ella así que decidimos poner rumbo a casa. Nos topamos con el Hard Rock Café. Otro sitio para la lista. Y antes de seguir adelante nos desviamos un poco para ver la Plaza de la Señoría, y por supuesto, todas las esculturas preciosas que rodean uno de los flancos de la plaza. Ya está anocheciendo por lo que apuntamos también en la lista este sitio. Seguimos camino a casa y mira que me oriento bien pero... ¡pum! Perdidas por Florencia. A pesar de haber seguido el río, nos hemos pasado nuestro cruce, así que nos toca dar un rodeo enorme para poder llegar a casa. No tenemos ni hambre de todo lo que hemos andado hoy, así que nos ponemos una peli y charlamos un rato.
Me da a mi que Espumadera está un poco enfadada conmigo por habérmela olvidado porque no me habla, pero bueno, espero que mañana se le pase.
Ibuprofeno para las agujetas.
L&Espu.
No hay comentarios:
Publicar un comentario