Y...
comienza la semana otra vez. Y otra vez el despertador de V. me
martillea la cabeza media hora antes de levantarse. Pero no me
importa mucho porque hoy tengo un día en cocina estupendo.
Empezamos
con tomates y alcachofas, como no. Pero seguimos con pechugas de
pollo y solomillos de cerdo; algo nuevo por fin. A media mañana
bajamos a redesayunar. Qué bueno está el café de aquí, me
quedaría eternamente en Florencia sólo por la comida que hay. Hoy
S. hace paninis verdes. Si, verdes, con colorante, nada de espinacas
o albahaca no, colorante. Tienen una pinta horrenda, muy ricos, pero
horrendos a la vista humana. El servicio empieza y va muy rápido.
Van llegando comandas de postres y S. y yo los vamos sacando adelante
sin que el chef se entere. Para cuando nos dice algo, ya ha terminado
el servicio y ha ido todo perfecto. Antes de dar por finalizado mi
turno, aplasto unas patatas cocidas para un puré especial que hay
que hacer para esta tarde. La cosa de aplastar las patatas es genial,
pero no me la puedo llevar, jo.
Vuelvo
a casa y me pongo a terminar las torrijas que quedaban por hacer.
Termino en una hora y me acerco al curro a llevarles unas cuantas
para que se las tomen de postre con la cena y a ver el puré
especial. Resulta que es un puré con colorante rojo y parece una
masa rosita. No sé qué les ha dado hoy por hacer comida de colores,
pero espero que no se repita.
Cojo
el bus de vuelta a casa, pero me paro una parada antes del puente. Me
acerco a lo que creo que es un centro comercial pequeño, pero aparte
de un par de tiendas, sólo hay una gran plaza con gente practicando
parkour. Me quedo un rato a verles entrenar y marcho para casa. Ceno
algo y a la cama, que mañana me espera un día agotador.
No hay comentarios:
Publicar un comentario