jueves, 27 de marzo de 2014

Día 18

Y... comienza la semana otra vez. Y otra vez el despertador de V. me martillea la cabeza media hora antes de levantarse. Pero no me importa mucho porque hoy tengo un día en cocina estupendo.
Empezamos con tomates y alcachofas, como no. Pero seguimos con pechugas de pollo y solomillos de cerdo; algo nuevo por fin. A media mañana bajamos a redesayunar. Qué bueno está el café de aquí, me quedaría eternamente en Florencia sólo por la comida que hay. Hoy S. hace paninis verdes. Si, verdes, con colorante, nada de espinacas o albahaca no, colorante. Tienen una pinta horrenda, muy ricos, pero horrendos a la vista humana. El servicio empieza y va muy rápido. Van llegando comandas de postres y S. y yo los vamos sacando adelante sin que el chef se entere. Para cuando nos dice algo, ya ha terminado el servicio y ha ido todo perfecto. Antes de dar por finalizado mi turno, aplasto unas patatas cocidas para un puré especial que hay que hacer para esta tarde. La cosa de aplastar las patatas es genial, pero no me la puedo llevar, jo.
Vuelvo a casa y me pongo a terminar las torrijas que quedaban por hacer. Termino en una hora y me acerco al curro a llevarles unas cuantas para que se las tomen de postre con la cena y a ver el puré especial. Resulta que es un puré con colorante rojo y parece una masa rosita. No sé qué les ha dado hoy por hacer comida de colores, pero espero que no se repita.

Cojo el bus de vuelta a casa, pero me paro una parada antes del puente. Me acerco a lo que creo que es un centro comercial pequeño, pero aparte de un par de tiendas, sólo hay una gran plaza con gente practicando parkour. Me quedo un rato a verles entrenar y marcho para casa. Ceno algo y a la cama, que mañana me espera un día agotador.

No hay comentarios:

Publicar un comentario