martes, 11 de marzo de 2014

Día 4

Toca un día de nerviosismo puro. Me tiro la mañana terminando el diccionario y pensando si no será muy pijo lo que me pongo para la entrevista, qué tengo que comprar para la cena, adónde tengo que ir... Acabo comiendo una ensalada riquísima y poniéndome lo que tenía pensado. Para mi madre estoy muy guapa, pero claro, para todas las madres sus hijos están siempre guapos, así que no cuenta mucho.
Salgo pronto de casa, ya que los 40 minutos andando no me los quita nadie. Cerca de la Accademia compro por fin el bono mensual de autobus. Una preocupación menos. Llego antes de lo esperado y me encuentro con B., una compañera de Gamarra; y da la casualidad de que vive cerca de mi, así que habrá que quedar algún día.
G. me acompaña a hacer la entrevista, y menos mal, porque mi italiano sigue siendo macarrónico. Conozco a Sor Jefazo, al chef y a uno de los camareros. Todos son majísimos, así que espero tener una buena experiencia aquí. El jefe nos invita a café durante la entrevista. Si el café del otro día era gloria bendita, este es el mismísimo Dios.
Al salir, voy paseando por el centro un buen rato, disfrutando de la tranquilidad de la ciudad, sin prisa. Paso por una tienda heavy ¡yeah! Sigo paseando y... ¡otra tienda heavy! ¡Y aún más molona que la anterior! El dependiente me mira como si no pintara allí. Malditos prejuicios y maldita ropa de entrevista. Pero bueno, por muy mal que me mire no tiene ni idea de los grupos por los que le pregunto, así que con el chasco en el cuerpo, salgo y sigo paseando. Como ando un poco perdida pregunto a una señora por la calle que me llevará a la estación central. Espero al bus, y mientras me doy cuenta de una cosa: los autobuseros conducen de pena, eso si, si te ven corriendo, te esperan hasta que llegas con la puerta abierta. Vuelta a casa, cena y a prepararse para el día 5.

Hoy Espu no tiene foto, así que os dejo una de las muchas señales que dirigen el tráfico en Florencia.

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