viernes, 7 de marzo de 2014

Día 0

Espumadera estaba nerviosa, pero nada comparado con el miedo de si la maleta pasará el control de peso o no. Viaje en coche hasta el aeropuerto y nos encontramos allí con nuestros compañeros. Cola para facturar y... ¡pasa la maleta! Comemos algo y hala, p'adentro. Ahora que estamos los seis alumnos reunidos es hora de sacar a Espumadera y presentársela al grupo. (Redoble de tambor). ¡Les encanta! Es la mascota oficial de la estancia y como tal tiene ciertos privilegios, así que le toca ventanilla.

El viaje a París se nos hace corto, pero la espera hasta el siguiente avión es algo cansina. El vuelo a Florencia ya es muchísimo más cansado. Llegamos al aeropuerto y salimos a buscar transporte. Cuatro de nosotros viven juntos y cogen un taxi. Una compañera y yo cogemos el bus hasta la estación central, veo a mis primeras señoritas de compañía italianas por el camino, y al llegar allí nos separamos. Ante mí surge la gran duda: ¿seré capaz de hacerme entender por teléfono con mi casera? Chan chan chan chan... ¡Éxito, yeah! Mi madre ha insistido en que coja un taxi a partir de aquí, pero, ¿qué hago yo?, Buscarme la vida e ir a lo barato: bus. Tras preguntarle al conductor de autobús, que aunque no os lo creáis en italiano se dice 'autista', me dirijo a Via Panzani. La primera parada del bus no es la mía así que sigo hacia adelante a ver si la encuentro y... nope. Pero eh, primera foto de muchas al Duomo. Hasta de noche, después de un día de no parar, aviones varios y sin iluminación me quiero quedar en esa baldosa para siempre. Peeeeeero, no se puede, y he llegado al final de la calle así que, vuelta. Resulta que mi parada está justo enfrente de la parada que había visto al principio de la calle. Si, soy idiota, pero he visto el Duomo en mi primera noche. La espera al bus se me hace eterna, pero un bonito altercado policial me distrae hasta que llega el bus. Subo como puedo las maletas y me coloco cerca de la puerta de salida. Para mi tranquilidad, una pantallita anuncia las siguientes paradas. Paradas que parecen no estar en ningún sitio. El autobusero para donde “le apetece” y pega unos bandazos de la leche. Para los que me entiendan: el Autobús Noctámbulo se inspiró en Florencia seguro.
Por fin llego a mi parada, ando unos metros y llego a la que durante dos meses y medio será mi casa. Llamo y baja a ayudarme C. con la maleta. Subimos hasta el primer piso, entramos y seguimos subiendo una vez dentro. Hola ático. Me empiezan a ofrecer cosas para beber y para comer, pero yo no puedo ni con mi alma.
Comparto habitación con V. Es tan maja que no solo me ayuda con la maleta, sino que también me ha hecho la cena. Desgraciadamente, esas albóndigas se quedan para el día siguiente. Deshago un poco la maleta mientras V. me cuenta que P, mi casera, estaba muy emocionada porque yo hablaba muy bien italiano. Parece ser que eso de pensarse la frase para soltar en una llamada me ha sobrecualificado, pero tranquilos, sólo logro chapurrear palabras sueltas... aún. Entrego regalos (cómo no, Vasquitos y Neskitas de Goya) y consigo contactar con mi familia para que sepan que no he muerto. Y como el día no ha sido precisamente corto, a la cama.
Tranquilos, sé que os preocupáis por Espumadera, la verdadera protagonista de este blog, pero durmió plácidamente en el bolso donde ha viajado todo el día.

Lametones de cebra

L&Espu.

No hay comentarios:

Publicar un comentario