sábado, 17 de mayo de 2014

Día 46 y 47

Día 46 y 47

Lunes, a las seis de la mañana me despiertan mis dos compañeras de piso, que vuelven a casa ahora. Menos mal que hoy no trabajo, porque si no me las cargaba. Aprovecho el día para pasear, descansar y preparar todo para los dos días que van a pasar aquí los del interrail, que llegan mañana. No mucha novedad, así que me ahorro contaros este día.

Martes 22. Hoy me esperan muchas cosas, muchísimas.
Por la mañana trabajo, ya que así puedo pasar la tarde con los del interrail. Hoy no está A., así que después de preparar las patatas, mozzarella, espinacas... y todo lo que tenía que hacer, me encargo yo de fregar para que S. y F. puedan cocinar tranquilos. Termina el servicio y me pongo a limpiar, pero F. me echa de la cocina y me dice que me vaya con mis amigos. Me cambio rápidamente y llamo a M., el monitor jefe, para ver si han llegado bien. Quedamos para dentro de un par de horas, ya que han llegado hoy de Venecia y allí les ha llovido los dos días, así que muchos tienen la ropa mojada. Voy a casa y me preparo para la tarde y para la noche. Cojo mapas, la entrada para esta noche y sus billetes de tren para que puedan llegar hasta Berna cuando se vayan en un par de días, y a por ellos.
He quedado con ellos en la Piazza della Signoria que, como no, está abarrotada de grupos. Voy mirando hacia todos lados buscándolos hasta que los veo oteando la plaza en mi busca; bastante cómico. Abrazos, besos, miradas de “¿y quién es esta?” por parte de los que no me conocen... Me alegra muchísimo que estén aquí. Lo primero que hacemos es intercambiar las cosas que nos hemos traído. Ahora los billetes están en su poder y yo tengo por fin mi cargador de la cámara. Les cuento un poco la historia de la plaza y del palacio, así cómo el grabado en la piedra de la pared que da a la plaza. M. no para de hacer fotos, y por lo que me cuentan, es la fotógrafa oficial de todos los viajes. Me preguntan por esa heladería con helados tan ricos y por un mirador, y por supuesto, por un sitio rico donde puedan cenar 21 personas. Sitios ricos a raudales, pero mete tu a 21 personas en un comedor. Vamos directos a Leo's y aunque tienen un grupo antes, les hacen un hueco para las diez de la noche. Paseamos hasta el Duomo y lo rodeamos para que puedan verlo desde todos los ángulos. Nos paramos en el baptisterio para admirar las puertas de bronce mientras decidimos la siguiente parada. Como hoy no puedo estar mucho tiempo con ellos, nos decantamos por subir al mirador de Fiesole y después nos separaremos. Si meter 21 personas en un comedor resulta un pelín difícil, no queráis saber lo que es meter a 22 (me incluyo) más toda la gente aparte en un autobús. E. va validando los billetes como una profesional y nos preparamos para el viaje movidito hasta la última parada. Subimos la cuesta hasta el mirado, aunque para ser todos deportistas parecen demasiado cansados (es broma chicos, sé que llevabais muchos días pateando). Y... ahí está la ciudad en todo su esplendor. Las cámaras y los móviles vuelan de mano en mano sacando fotos, e incluso algunos reclaman que Espumadera salga del bolso. Como veis, ha hecho nuevos amigos hoy, muuuuuuchos nuevos amigos.
Volvemos a bajar hasta San Marco y allí me despido de ellos no sin antes indicarles una pequeña ruta para que se lo pasen bien hasta la cena. Cojo otro bus y me bajo en la parada anterior a la que debería, pero por suerte sigue estando cerca de mi objetivo. Encuentro mi asiento y empiezo a ponerme más y más nerviosa cuando veo que los bailarines empiezan a sacar a gente al escenario para saludar. Tengo suerte y me toca un padre con su hijo al lado que me dan algo de conversación y compartimos gominolas antes de que empiece el espectáculo. Por si no os acordáis, hoy voy a ver el Rocky Horror Show Live. Al principio creía que iba a ser una producción pequeña pero... oh, que equivocada estaba. Qué voces, en serio , qué voces. Imposible pensar ver esto en Vitoria. Me gusta tanto la función que hasta me compro la camiseta y el cd. De verdad, que maravilla. Me alegro de haberme atrevido a venir aún a riesgo de no entender ni jota, pero resulta que aunque el diálogo es en italiano, la narración es medio italiano medio español, y por suerte, las canciones son en inglés, como en la película original. In-cre-í-ble.

Cuando salgo ya no hay buses, pero tardo sólo 20 minutos en llegar a casa. Estoy llena de alegría. La visita del grupo de interrail me ha hecho sentir como en los viejos tiempos, sacándonos fotos, riéndonos... como cuando éramos niñas. Y el espectáculo ha sido la guinda del pastel de hoy. Ahora toca dormir, porque mañana toca día extraduro como guía turística.

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