Hoy
toca día intenso en el curro, así que no hay tiempo para relajarse.
A
la mañana preparo cuatro bizcochos grandes para los desayunos, 27
spuminos, crema pastelera y cuezo el hojaldre para el tegolino.
Mañana superpastelera. También ayudo a emplatar los segundos y
recojo un poco antes de irme a casa. Duermo un poco de siesta antes
del turno de la tarde. Hoy también tenemos grupo, aunque no tan
grande como el de ayer, sólo son 23 personas. Preparo las patatas
para el grupo y de repente llega G., sor jefazo general, a decirnos
que el postre que habían encargado no ha llegado. F. y G. se ponen
nerviosos por momentos. El único postre que podemos ofrecerles es el
spumino, pero no quieren tanto chocolate. G. pregunta si hay tiramisú
para todos, pero es imposible. El nerviosismo aumenta, la temperatura
empieza a subir, se miran de hito en hito... Levanto las manos y les
llamo la atención. “Si me dais una hora, tenéis un postre”, les
digo. Me miran como si no estuviera ahí. Doy una palmada y repito la
oferta. Parecen despertar de golpe y me mandan a cocinar rápidamente.
Todos me dejan en paz durante esa hora que he pedido. No dispongo de
mucho tiempo ni ingredientes extraordinarios, así que me lo monto
como puedo. ¿El resultado? Un pseudotiramisú que al menos nos salva
del paso. No es para tirar cohetes, desde luego que no, pero los
platos vuelven limpios. La reacción general es de absoluta adoración
por haber venido esta tarde también, ya que sin mi, dicen, no
habrían podido hacer un postre para 23 personas en una sola hora.
Termino de recoger lo que puedo y me voy a casa cuando se cumplen mis
horas límites en el curro. Estoy que no quepo en mi de gozo,
imposible dormir. O eso creía, ya que en cuanto toco la cama no hay
dios que me despierte. Por suerte mañana entro de tarde, así que
tengo toda la mañana para descansar. Esperemos que no vuelva a pasar
otra vez esto de quedarse sin postre. Qué nervios he pasado, madre
mía; pero me alegro de que el resultado haya sido positivo.
Hola Lidia. Estos días has estado más animada, diría que hasta la cebra estaba más animada. Lo que hace la familia.
ResponderEliminar¡Muy bien con el postre Lidia! ¡Dejando alto el pabellón!