sábado, 3 de mayo de 2014

Día 37

Hoy tenemos plan de viaje, así que voy a recogerles al hotel pensando en mi planing de la semana. Hoy estaba programada Pisa, pero ayer P. nos recomendó ir a Siena, que es mucho más bonita. Miramos el mapa y vemos que San Gimignano pilla casi de paso, así que cogemos las cosas y nos vamos a la estación de tren. Cogemos los billetes en una de las máquinas de la sala y volamos al andén. Después de pasar por casi todos los vagones, por fin encontramos cuatro asientos libres juntos. Aunque nos sirven de poco, porque salvo yo, todos se marean si no van mirando hacia delante. Pasa la revisora y nos debe ver cara de turista total, porque nos avisa de que hay que validar los billetes antes de subirse al tren. Uy, menos mal que es nuestra primera vez y que nos ve un poco perdidos con el italiano, porque la multa es algo así como medio riñón.
Una hora y algo de viaje después llegamos a Siena. La estación es super curiosa. A los andenes se accede desde un centro comercial pequeño, y hay escaleras mecánicas hasta lo alto de la colina donde está ubicado el centro histórico. Paseamos por una calle que nos lleva al Duomo de Siena. Para los que no lo sepáis, 'duomo' significa 'catedral', así que hay un montón por toda Italia. La calle es larguísima, recorre casi toda la ciudad de punta a punta. La plaza de la catedral es preciosa, y la catedral en sí también. Muy del estilo de la de Florencia. Comemos en un restaurante cercano y vamos a la Piazza del Campo. Es una plaza muy curiosa en forma de abanico presidida por el Palazzo Pubblico (el ayuntamiento). Nos quedamos un rato riéndonos de las palomas de la fuente, que son tan tontas como para caerse al agua sólo por intentar ligar. Pasamos otra vez por la Tienda del Chocolate y volvemos a la estación de tren.
Esta vez sí validamos el billete antes de entrar. Cogemos el tren dirección Empoli/Florencia, pero nos paramos en Poggibonsi. Desde ahí vamos a coger un autobús que nos llevará a San Gimignano, pero como aún hay tiempo, vamos a merendar. Son tan sólo 11km de trayecto en bus, pero casi me quedo dormida. Tenemos un bus de vuelta algo más de una hora después, así que nos ponemos en marcha sin perder tiempo. El pueblo es precioso, es lo que llaman el Manhattan toscano: casas bajas y torres altísimas que destacan en el cielo. Entramos en una tienda y compramos unos preparados para pasta que nos ha pedido mi prima, y claro, ya que estamos, hacemos compras para más gente. No todos los días vienen a visitarte a Italia, hay que aprovechar; y visto que mi sitio en las maletas es limitado, cuando mi familia vuelva a Vitoria se llevarán algunas cosas para que no tenga que llevarlas yo en mayo. En una hora recorremos el pueblo de punta a punta y cogemos los billetes de tren en una tienda al lado de la parada.
No hemos tenido tiempo para visitar a fondo las dos paradas de hoy, pero aún así nos ha gustado mucho todo lo que hemos visto. El viaje San Gimigniano – Poggibonsi – Florencia se nos hace más rápido de lo que esperábamos. Pierdo el autobús por poco, así que cogemos unos paninos y cenamos en su habitación del hotel. Mis padres me acompañan hasta la parada y una vez más, les digo adiós desde la ventana.


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