Después
de la pateada de ayer, hoy toca día más “tranquilo”, es decir,
igual de movidito, pero en Florencia. Les voy a recoger y vamos a la
estación de tren a preguntar por unos billetes internacionales para
un grupo de amigos que vienen en dos semanas de interrail, pero los
de información de trenes están de huelga. Salimos y nos acercamos a
Información y Turismo a ver si nos saben indicar en qué parque
estuve con mis compañeros viendo el mercadillo de antigüedades. Nos
dicen una y otra vez que es el Parque le Cascine, que yo estoy segura
de que no es ahí, pero no nos saben decir otra posibilidad. Nada,
nos vamos para Cascine. Para ir más rápido queremos coger el
tranvía, que tiene su primera parada justo al lado de la estación
de tren. Entra mi padre, entra mi hermana, entro yo, y mi madre... se
cierran las puertas. Si, exacto, mi madre se ha quedado fuera. Sé
que va a leer esto, así que intentaré no ser muy cruel: mi madre,
sola, sin un billete porque los tenía todos mi hermana, con
conocimientos de idiomas casi nulos... Pues oye, mientras volvíamos
a buscarla se las apañó para comprar un billete y llegar al parque
antes que nosotros. ¡Ole mi madre y su primera aventura en solitario
en Italia!
Parque
Le Cascine, mercadillo de 1 kilómetro de largo a lo mercadillo de
los gitanos pero con un gran fallo: aquí los vendedores no te animan
con sus cancioncillas ni sus rimas cantadas a pleno pulmón. Nada de
“Piyamas a 3 euro”, ni “Bragas por 1 euro”, nada. Aquí son
unos aburridos. Vamos pasando por tropecientos puestos de ropa y
comida. Hay puestos con cerdos asados enteros, y te hacen el panino
al momento; y otros donde van haciendo una especie de barquillos
dulces típicos de aquí. Nos recorremos el mercadillo entero,
cruzamos el puente y vamos paseando dirección Palazzo Pitti. Pasamos
por una de las puertas de la antigua muralla y ya estamos casi
famélicos, así que paramos a comer en el restaurante que hay en el
Ponte a la Carraia. Al terminar de comer nos pasan una encuesta de
satisfacción y mejoras; en la escuela estarían orgullosísimos de
ellos. Tomamos un helado en la Heladería La Carraia, que para mi, es
la mejor que hay en todo Florencia, y ponemos rumbo al Palazzo Pitti.
Por el camino empieza a chispear, así que se nos agua un poco el
día. Pasamos por Pitti después de una pequeña vuelta porque me
equivoco de camino y vamos derechitos al Ponte Vecchio. Yo le enseño
a mi hermana todas las maravillas que se exponen en los escaparates
de las joyerias. Estamos algo cansadas de tanta caminata, así que
pasamos por la Galeria degli Uffizi y nos sentamos un rato en la
Piazza della Signoria mientras contemplamos las estatuas. Una vez
descasados, vamos a nuestra última parada cultural del día, Santa
Croce, pero por el camino nos paramos a mirar una tienda. Todas las
cosas que se venden son de madera al estilo de Pinocho. Curioseamos
durante un rato y seguimos hacia la plaza. Sacamos unas fotillos y
paseamos admirando la fachada de la iglesia. Volvemos hacia la zona
de tiendas para gente pudiente y damos una vueltecilla por allí,
pero la verdad es que estamos todos muy cansados y yo trabajo mañana,
así que me dejan pronto en el bus. Y sin cenar ni nada, a la cama
caigo como una plancha.
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