domingo, 4 de mayo de 2014

Día 38

Después de la pateada de ayer, hoy toca día más “tranquilo”, es decir, igual de movidito, pero en Florencia. Les voy a recoger y vamos a la estación de tren a preguntar por unos billetes internacionales para un grupo de amigos que vienen en dos semanas de interrail, pero los de información de trenes están de huelga. Salimos y nos acercamos a Información y Turismo a ver si nos saben indicar en qué parque estuve con mis compañeros viendo el mercadillo de antigüedades. Nos dicen una y otra vez que es el Parque le Cascine, que yo estoy segura de que no es ahí, pero no nos saben decir otra posibilidad. Nada, nos vamos para Cascine. Para ir más rápido queremos coger el tranvía, que tiene su primera parada justo al lado de la estación de tren. Entra mi padre, entra mi hermana, entro yo, y mi madre... se cierran las puertas. Si, exacto, mi madre se ha quedado fuera. Sé que va a leer esto, así que intentaré no ser muy cruel: mi madre, sola, sin un billete porque los tenía todos mi hermana, con conocimientos de idiomas casi nulos... Pues oye, mientras volvíamos a buscarla se las apañó para comprar un billete y llegar al parque antes que nosotros. ¡Ole mi madre y su primera aventura en solitario en Italia!
Parque Le Cascine, mercadillo de 1 kilómetro de largo a lo mercadillo de los gitanos pero con un gran fallo: aquí los vendedores no te animan con sus cancioncillas ni sus rimas cantadas a pleno pulmón. Nada de “Piyamas a 3 euro”, ni “Bragas por 1 euro”, nada. Aquí son unos aburridos. Vamos pasando por tropecientos puestos de ropa y comida. Hay puestos con cerdos asados enteros, y te hacen el panino al momento; y otros donde van haciendo una especie de barquillos dulces típicos de aquí. Nos recorremos el mercadillo entero, cruzamos el puente y vamos paseando dirección Palazzo Pitti. Pasamos por una de las puertas de la antigua muralla y ya estamos casi famélicos, así que paramos a comer en el restaurante que hay en el Ponte a la Carraia. Al terminar de comer nos pasan una encuesta de satisfacción y mejoras; en la escuela estarían orgullosísimos de ellos. Tomamos un helado en la Heladería La Carraia, que para mi, es la mejor que hay en todo Florencia, y ponemos rumbo al Palazzo Pitti. Por el camino empieza a chispear, así que se nos agua un poco el día. Pasamos por Pitti después de una pequeña vuelta porque me equivoco de camino y vamos derechitos al Ponte Vecchio. Yo le enseño a mi hermana todas las maravillas que se exponen en los escaparates de las joyerias. Estamos algo cansadas de tanta caminata, así que pasamos por la Galeria degli Uffizi y nos sentamos un rato en la Piazza della Signoria mientras contemplamos las estatuas. Una vez descasados, vamos a nuestra última parada cultural del día, Santa Croce, pero por el camino nos paramos a mirar una tienda. Todas las cosas que se venden son de madera al estilo de Pinocho. Curioseamos durante un rato y seguimos hacia la plaza. Sacamos unas fotillos y paseamos admirando la fachada de la iglesia. Volvemos hacia la zona de tiendas para gente pudiente y damos una vueltecilla por allí, pero la verdad es que estamos todos muy cansados y yo trabajo mañana, así que me dejan pronto en el bus. Y sin cenar ni nada, a la cama caigo como una plancha.

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