sábado, 17 de mayo de 2014

Día 45

Me despierto un poco más tarde de lo normal y monto campamento en la sala para no molestar a las dormilonas del cuarto. Hago algo de limpieza y completo el cuaderno de prácticas hasta el día de hoy. Me hago una ensalada completita para comer y salgo para el curro. Me quedo mirando los contenedores de basura. Los de aquí son distintos a los de España. El marrón es para residuos orgánicos, el azul para la basura normal, y el amarillo para cartón y papel.
Hago mis tareas diarias con suma rapidez, pues ya me siento en esta cocina como en casa. Frío el pollo para la cena mientras S. hace el primer plato. Hacemos un poco de pesto casero y ordeno los frigoríficos para estar preparados para los clientes. Y esos clientes no llegan. Esperamos y esperamos, y cuando creíamos que nos íbamos a morir de aburrimiento... ¡una persona! Estamos tan tranquilos que F. me mira, hace una reverencia y me dice “tutto tuo”. No me lo puedo creer. Me pongo en marcha enseguida y meto el timbalo de melanzane en el horno. Mientras, cojo dos sartenes y preparo la salsa de tomate para el primero y las guarniciones para el segundo. Al menos son platos que controlo bastante bien, ya que he ayudado muchas veces a emplatarlos. El primero sale rápido y bonito hacia la sala y automáticamente me pongo con el segundo, que también me sale genial. Parece que tanto observar da sus frutos.
Después de este cliente vienen unos pocos más, pero no hay nada de ajetreo. F. comenta que dentro de poco esperar a otro tirozinante (un estudiante de prácticas) y, cito textualmente “Si viene alguien como Lidia, que es molto brava, bien. Pero si viene uno que se toca las narices, pues no”. Ay, no quepo en mi de gozo. Terminamos en día con unos postres y limpiamos entre todos para poder irnos antes a casa.

Cuando llego a mi cuarto veo que no están las otras dos ocupantes, así que me pongo una peli y a disfrutar de la noche del domingo.

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