lunes, 12 de mayo de 2014

Día 41

Esto si que es madrugar y no lo he hecho hasta ahora. Antes de las siete ya me estoy vistiendo mientras se calienta el colacao. El bus viene casi vacío, pero en cuanto llego a mi parada ya se pueden ver turistas por las calles. Llego a la Galeria degli Uffizi y apenas hay cola. Mi hermana y mi madre llegan cuando quedan pocos metros de cola, y casi no tenemos que esperar para entrar. Subimos hasta arriba del todo por unas majestuosas escaleras de piedra y comenzamos la visita. Una vez más, mi hermana nos va haciendo de guía y comentando las curiosidades de cada cuadro, aunque, a decir verdad, parecen todos iguales, así que vamos buscando detalles graciosos en cada uno. Y así hasta que llegamos a la estrella de la Galeria: la Venus de Botticelli. Aunque la iluminación no es la más adecuada, el cuadro es sin duda foco de todas las miradas. Pocos se fijan que a unos metros hay dos cuadros del mismo artista mucho más bonitos en mi opinión donde las telas pintadas parecen reales. Lo dicho, la Venus no es para tanto. Seguimos viendo cuadro tras cuadro, y casi al final encontramos uno llamado Ritratto di Ortensia de' Bardi di Montauto. Impresiona ver lo guapa que es la mujer, los ojos con los que mira al espectador, totalmente vestida de negro... es precioso.
Salimos de la galería y llamamos a padre, que debe estar por ahí de paseo, pero no nos da tono. Vamos andando poco a poco hacia en hotel y parándonos en los puestos de recuerdos por si vemos algo que nos gusta. Como es el último día, vamos al mercado central a comprar la comida que quiero que se lleven. Hay regalos a montones, pero no lo puedo decir por aquí para que no se enteren los afortunados. No hemos conseguido contactar con padre, así que vamos al hotel a dejar las cosas y... nos lo encontramos leyendo el periódico. Salimos a comer algo rápido, ya que es bastante tarde para los restaurantes de aquí. Vamos a dar el último paseo por la ciudad y comprar los últimos recuerdos. Como estamos muy cansados, decidimos ir al hotel a descansar un poco mientras hacemos la maleta, pero yo me acabo quedando sopa. Me despierto a las ocho de la tarde, y como no hay hambre, pero algo hay que cenar, vamos a un local enfrente del mercado de la plaza donde está la estatua del jabalí. Es un sitio especializado en chocolate y tiene helados con diferentes cacaos dependiendo de su procedencia, pero nosotras vamos directamente a por los crepes. Por dios, que buenos están. Y para culminar la noche, tomamos algo en un bar cerca del Duomo.

Me acompañan hasta la parada del bus y me despido. Su última noche en Florencia, ya no vendrán a despedirme más noches, ni los acompañaré a su hotel, ni les enseñaré nada... es triste, pero la vida debe continuar, y aún no se han ido, así que, a dormir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario