Esto
si que es madrugar y no lo he hecho hasta ahora. Antes de las
siete ya me estoy vistiendo mientras se calienta el colacao. El bus
viene casi vacío, pero en cuanto llego a mi parada ya se pueden ver
turistas por las calles. Llego a la Galeria degli Uffizi y apenas hay
cola. Mi hermana y mi madre llegan cuando quedan pocos metros de
cola, y casi no tenemos que esperar para entrar. Subimos hasta arriba
del todo por unas majestuosas escaleras de piedra y comenzamos la
visita. Una vez más, mi hermana nos va haciendo de guía y
comentando las curiosidades de cada cuadro, aunque, a decir verdad,
parecen todos iguales, así que vamos buscando detalles graciosos en
cada uno. Y así hasta que llegamos a la estrella de la Galeria: la
Venus de Botticelli. Aunque la iluminación no es la más adecuada,
el cuadro es sin duda foco de todas las miradas. Pocos se fijan que a
unos metros hay dos cuadros del mismo artista mucho más bonitos en
mi opinión donde las telas pintadas parecen reales. Lo dicho, la
Venus no es para tanto. Seguimos viendo cuadro tras cuadro, y casi al
final encontramos uno llamado Ritratto di Ortensia de' Bardi di
Montauto. Impresiona ver
lo guapa que es la mujer, los ojos con los que mira al espectador,
totalmente vestida de negro... es precioso.
Salimos
de la galería y llamamos a padre, que debe estar por ahí de paseo,
pero no nos da tono. Vamos andando poco a poco hacia en hotel y
parándonos en los puestos de recuerdos por si vemos algo que nos
gusta. Como es el último día, vamos al mercado central a comprar la
comida que quiero que se lleven. Hay regalos a montones, pero no lo
puedo decir por aquí para que no se enteren los afortunados. No
hemos conseguido contactar con padre, así que vamos al hotel a dejar
las cosas y... nos lo encontramos leyendo el periódico. Salimos a
comer algo rápido, ya que es bastante tarde para los restaurantes de
aquí. Vamos a dar el último paseo por la ciudad y comprar los
últimos recuerdos. Como estamos muy cansados, decidimos ir al hotel
a descansar un poco mientras hacemos la maleta, pero yo me acabo
quedando sopa. Me despierto a las ocho de la tarde, y como no hay
hambre, pero algo hay que cenar, vamos a un local enfrente del
mercado de la plaza donde está la estatua del jabalí. Es un sitio
especializado en chocolate y tiene helados con diferentes cacaos
dependiendo de su procedencia, pero nosotras vamos directamente a por
los crepes. Por dios, que buenos están. Y para culminar la noche,
tomamos algo en un bar cerca del Duomo.
Me
acompañan hasta la parada del bus y me despido. Su última noche en
Florencia, ya no vendrán a despedirme más noches, ni los acompañaré
a su hotel, ni les enseñaré nada... es triste, pero la vida debe
continuar, y aún no se han ido, así que, a dormir.
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