Ay,
que día más difícil es hoy. Me levanto más pronto que de normal,
me visto, y salgo de casa pitando. Voy a la pastelería que hay cerca
de mi casa y compró una napolitana de chocolate y un par de piezas
de bollería más para que desayune mi familia. Cojo el bus y me
planto en su habitación antes de que hayan desayunado. Objetivo
conseguido. Terminamos de montar la maleta y les acompaño a
desayunar. Mi hermana es más feliz que una perdiz con su napolitana.
Salimos del hotel y llegamos enseguida a la parada del bus que les
lleva al aeropuerto. La espera se me hace mucho más corta de lo que
en realidad es. Les digo adiós por la ventana y la manita de Espu se
agita incluso más que la mía.
Cuando
los pierdo de vista estoy muy triste. Se han ido y a mi aún me queda
mucho tiempo aquí. Me voy a casa y me quedo toda la mañana ahí,
viendo series, intentando no pensar en lo que me queda y haciendo
planes para ese tiempo.
La
tarde en el curro va ligera. Hay un grupo gordo de 100 americanos,
pero es lo único que tenemos esta noche y ya está casi todo listo.
Frío una masa como de pan para picotear y me voy a ordenar.
Sinceramente, creo que van a echar de menos mis dotes ordenatorias
cuando me vaya. (Mamá, sé que vas a leer esto, para ti esas dotes
que he mencionado no son para tanto :D ). Terminamos antes de lo
normal y me voy a casa a dormir y descansar todo lo que pueda, ya que
me han pedido que vaya mañana unas pocas horas a la mañana aparte
de mi turno de la tarde. En
el bus me encuentro con un chico con un perro y mantengo una
conversación en italiano. Parece que me entiende, así que me puedo
dar por satisfecha.
La
familia ha llegado bien a casa, así que ya puedo relajarme y
disfrutar de lo que me queda aquí.

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